06/04/2014 - 05:59

El centro de atención en Sudamérica

La lucha contra los agentes patógenos emergentes puede parecer diferente dependiendo de quién es uno y dónde vive. En esta mesa redonda, los esfuerzos de África de controlar los agentes patógenos emergentes han recibido mucha atención, mientras que en mi región, Sudamérica, han recibido menos atención. Por lo tanto, me gustaría dedicar mi último ensayo a destacar el panorama sudamericano.

Desde la perspectiva de los agentes patógenos emergentes, una gran diferencia entre Sudamérica y África es que, cuando España y Portugal conquistaron a Sudamérica en el siglo XVI, se mezclaron, en gran medida, con la población local. Viajaron, no sólo por el litoral, sino también por la mayoría de las áreas del continente. Impusieron su religión y el sistema jurídico. Establecieron nuevos centros de población. Esto significa que también introdujeron nuevas enfermedades, que devastaron a las poblaciones indígenas. Pero como los europeos se cazaron con los habitantes locales, también se introdujo la inmunidad a varios patógenos.

Hoy en día, en Sudamérica, debido a la migración por el deseo de estudiar y trabajar, o por consideración de la familia, las poblaciones siguen mezclándose a paso rápido. Cuando los sudamericanos viajan de un lado a otro, a menudo no llevan los récords de su historial de enfermedades, pero llevan consigo los agentes patógenos, o interactúan con nuevos vectores de enfermedades durante el trayecto. Ya que se instalan en sus nuevas ubicaciones, suelen exhibir ciertos comportamientos, en lo que respecta a su propio cuidado de salud, como por ejemplo, la preparación de alimentos, que trajeron desde sus hogares previos. Los agentes patógenos pueden florecer bajo estas condiciones, y las enfermedades, tales como la fiebre del dengue y la fiebre amarilla, son endémicas en muchos países sudamericanos. Mientras tanto, la movilidad de las poblaciones en Sudamérica complica la supervisión de las enfermedades, la determinación del estatus epidemiológico de la enfermedad o la armonización de la política entre naciones.

No obstante, el sistema de salud sudamericano tiene mucho que ofrecer. Está dotado de ministerios de salud ampliamente capacitados. Tiene un cuadro de doctores y científicos con preparación adecuada, así como también una buena infraestructura básica, tales como los laboratorios de alto nivel y hospitales que se dedican a las enfermedades infecciosas. (Lamentablemente, estos recursos suelen concentrarse en las grandes metrópolis; en comparación, los pueblos pequeños y las áreas rurales no reciben los mismos servicios). Las ventajas de Sudamérica incluyen las organizaciones regionales, como Unasur, que brindan un foro para discutir los retos de la salud y para formular respuestas. También tiene como ventaja una historia regional y una serie de valores compartidas; factores que permiten la cooperación relativamente fácil a través de las fronteras.

No obstante, Sudamérica podría realizar una labor más eficaz para limitar los agentes patógenos emergentes. Con la región que sigue luchando contra flagelos como la pobreza y la desigualdad social, la salud pública tiene a su disposición atención y recursos gubernamentales inadecuados. A la larga, lo que necesita Sudamérica es un acercamiento común y sistemático para la lucha contra los agentes patógenos emergentes. Algunos elementos del sistema de salud del continente funcionan bien, pero varias de las piezas del rompecabezas no encajan perfectamente.

Cada de las regiones mundiales es única, y cada uno de sus sistemas de salud también lo es. Hoy en día, con fuerzas como la urbanización y los viajes internacionales crecientes que plantean nuevos retos a la lucha contra los agentes patógenos emergentes, es crucial entender el pasado y el presente de cada región. De ello depende el futuro del cuidado de salud.