06/26/2014 - 08:39

La batalla de los sexos, el estado y las armas nucleares

Cuando quise incitar una reacción de nuestras colegas en mi primer ensayo de esta mesa redonda, me asombró un tipo de respuesta: que las armas nucleares son un bien nacional no negociable y, por ende, no debe verse desde un punto de vista de género. Si las personas son patrióticas, parece que el razonamiento es que la opinión sobre los temas domésticos debe ser la misma sin importar si son hombres o mujeres. Además, la insinuación pareciera ser que si hay pocas ganas de guerra, o si prefieren una circunscripción de paz en vez de una maquinaria de guerra, se pone en tela de juicio el fervor patriótico.

Puede que este punto de vista predomine, en particular, en el sur de Asia, donde las armas nucleares simbolizan el orgullo nacional y son como una especie de poción mágica que podría curar todos los males que acosan a la nación. Pero el patriotismo ha demostrado características de género en muchos lugares y ocasiones. El politólogo brasileño, José Eisenberg, analizó la relación entre las entidades de género y de políticas, desde Aristóteles hasta la actualidad. Señala que, conforme a las teorías actuales de la democracia en el siglo veinte, "[L]a lealtad a la república se presenta como una relación paternal, que comprende deberes cívicos y la lealtad a la soberanía;... la lealtad a la nación se concibe como una relación materna, que comprende el derecho de cosechar los frutos de las riquezas y la cultura del estado-nación. Desde este punto de vista, es fácil ver por qué algunos patriotas (hombres) consideran que su apoyo a las armas nucleares es el ejercicio virtuoso de sus deberes y entienden el escepticismo sobre las armas nucleares como un impulso que no merece mucho respeto.

Mientras tanto, la erudita sobre género y seguridad, Carol Cohn, en su famoso ensayo "El sexo y la muerte en el mundo racional de los intelectuales de defensa", describió su experiencia entre "hombres blancos en corbatas hablando del tamaño de misiles" que usan "un  lenguaje limpio" para hablar de bombas nucleares "limpias", mientras evitan pensar en la muerte de los civiles y lo que Cohn llama "las repercusiones emocionales" de la guerra nuclear. Los intelectuales que Cohn describe ciertamente se consideran patriotas y nunca se les ocurrió que deberían debatir sobre las armas nucleares y la guerra con un idioma sexista (y a menudo cómico).

Claro, el idioma y las imágenes sexistas no son exclusivos del ámbito nuclear. Probablemente han sido un elemento de guerra desde el principio de la misma. Aún así, no hay manera de evitar el hecho que las imágenes sexistas y patriarcales y un sentimiento de patriotismo basado en el género, a menudo, convierten el desarme y la no proliferación en algo "blando", feminizado o completamente castrado. Esto no sólo obstaculiza el desarme, sino también dificulta bastante el establecimiento de un acercamiento creíble feminista hacia los estudios estratégicos y el diseño de políticas de mano dura.

Todo este tema es bastante deprimente, pero me gustaría cerrar con una nota optimista al recordar el incidente de la Guerra de Yom Kipur de 1973. El Ministro de la Defensa israelí, Moshe Dayan, creyendo que su nación se estaba enfrentando a una amenaza existencial, promovió una manifestación para la capacidad nuclear de Israel, pero, según el experto en no proliferación, Avner Cohen, la Primera Ministra, Golda Meir, (conocida como la "Dama de Hierro", mucho antes que el término fuera asociado a Margaret Thatcher) le dijo a Dayan que "se olvidara de esa idea". Obviamente su noción del patriotismo no incluía la detonación nuclear que podría afectar grave y directamente al Medio Oriente. Tal vez, mientras las mujeres vayan adquiriendo influencia en la política nuclear de armas, el mundo aprenderá a "olvidar" por completo las armas nucleares.