03/14/2013 - 05:15

Comerse un elefante

De donde vengo en África, cuando las personas se enfrentan a un gran problema abrumador, a menudo dicen, "¿Cómo se come un elefante?" La respuesta típica es la siguiente: "¡Bocado a bocado!" Minimizar el uso de uranio altamente enriquecido (HEU) es como el elefante que, efectivamente, se necesita comer poco a poco. Pero también podría ser que ciertas partes del animal son simplemente incomibles.

Mis colegas Pablo Cristini y Alexandr Vurim han expresado puntos de vista algo diferentes sobre cuándo se podría esperar de manera razonable que los reactores de HEU empezaran a utilizar uranio poco enriquecido (LEU). Pero han alcanzado un consenso: en los reactores que producen molibdeno 99, convertir los blancos fisionables a LEU es un proyecto factible, aunque probablemente doloroso. Se llegó a la misma determinación en el informe del 2012 de la Agencia de Energía Nuclear, que concluyó que, a pesar de las inversiones monetarias y el tiempo que conlleva la conversión, "la conversión es importante y sí se llevará a cabo". De todas formas, mientras sólo unas pocas naciones suministren HEU, y continúen ejerciendo presión para la conversión de los reactores que producen molibdeno, los países anfitriones de estas instalaciones entenderán que las alternativas a la conversión son muy limitadas. Al final, los reactores que quieran involucrarse en la producción comercial de isótopos médicos tendrán que comer el elefante bocado a bocado o pasar hambre.

Otra porción de la comida supone ciertos reactores de investigación que utilizan HEU y que llevan a cabo actividades más allá de la producción de isótopos. Por supuesto, cabe esperar que los nuevos reactores de investigación estén diseñados, por lo general, de tal manera que puedan funcionar bien con uranio poco enriquecido. Pero podría darse el caso de que la piel del elefante sea muy difícil de tragar. Esto se debe, en mayor parte, a que las posibilidades de reconfigurar el núcleo del reactor son, a menudo, limitadas en los reactores de investigación con diseños más viejos. En estos casos, -- por ejemplo, el reactor IGR en Kazajistán, presentado por Vurim -- la conversión implica, en la mayoría de ellos, un rendimiento reducido.

En estas instalaciones, el mundo desarrollado podría proporcionar algo así como un ablandador de carne al proveer apoyo técnico y financiero para los esfuerzos de conversión. Aún así el apoyo de este tipo no siempre es suficiente, y menos mientras la diferencia entre LEU y HEU permanezca al 20 por ciento de uranio 235. Por lo tanto, en algunas ocasiones, la comida simplemente no se puede servir, y cualquier estrategia internacional de minimización que tiene como objetivo que todos los reactores de investigación estén completamente a salvo desde el punto de vista de la proliferación, probablemente no será exitosa. La base de datos del Organismo Internacional de Energía Atómica sobre reactores de investigación indica este problema: varias docenas de reactores ahí enumerados tienen muy poca capacidad financiera o técnica para convertir el combustible por su propia cuenta. Más específicamente, no se muestran deseosos de la conversión. Cuando se trata de comer el elefante, al final no tienen el hambre suficiente.

Aunque la conversión no se realice en todos los casos, los países desarrollados podrían contribuir a la no proliferación al seguir llevando a cabo evaluaciones de riesgo en los inventarios de HEU en las naciones en vías de desarrollo, y también al ayudar a mejorar la seguridad y los programas de gestión de materiales donde sea adecuado. Los inventarios que presentan los mayores riesgos -- por ejemplo, las reservas de combustible nuevo de HEU en países en desarrollo sin programas adecuados para la gestión de material nuclear y la seguridad -- deben de tener la prioridad. El combustible gastado, en vista de su alta radioactividad, hasta cierto punto desalienta el hurto o desvío.

Los submarinos que utilizan energía nuclear, tal vez representan un problema más alarmante que los reactores de investigación. Por definición, los submarinos están aislados físicamente la mayoría del tiempo. Inevitablemente, harán escalas en países extranjeros, ya sea planeado o sin planear, y no es realmente posible aplicar la seguridad adecuada en instalaciones móviles. Como lo señaló Vurim en su segundo ensayo, el HEU para aplicaciones navales probablemente no se eliminará en un futuro cercano.

Pero cuando se trata de reactores de investigación, la conversión a LEU en las instalaciones que fabrican radioisótopos médicos ya está servida en la mesa, y se ingerirá de manera bastante rápida. Sin embargo, la conversión de todos los reactores de investigación a LEU podría llegar a ser aún más difícil que comerse un elefante.