Cero. ¿Será el objetivo indicado?

By Wael Al Assad: ES, Li Bin: ES, Sinan Ulgen: ES, September 17, 2014

Estados Unidos y Rusia se han obligado mutuamente a buscar el desarme nuclear completo. A pesar de las obligaciones bajo el tratado de los dos países, no está fuera de lugar preguntarse si Rusia y Estados Unidos, en particular, llegarán a aceptar algún día las limitaciones sobre el poder que implica el desarme completo. Por lo tanto, ¿ la abolición total del armamento nuclear será un objetivo adecuado para el movimiento de desarme? O, ¿sería más rápido el desarme si la meta fuera reducir los depósitos, a tal grado que sólo representaran una posible disuasión mínima ?

Round 1

El caso en contra del desarme nuclear completo

El desarme nuclear completo es una quimera peligrosa. Debido a tres razones fundamentales, intentar alcanzar este objetivo encomiable, en teoría, probablemente provocaría que el mundo sea más peligroso.

Primero, como método para mantener la seguridad, es difícil identificar una alternativa creíble a la disuasión nuclear. En pocas palabras, la disuasión nuclear sí ha funcionado. Aún en el momento más álgido de la polarización ideológica de la Guerra Fría, el mundo nunca antes había sido testigo del tipo de guerras a gran escala que, por la ausencia de la disuasión nuclear, se llevaron a cabo en la primera mitad del siglo XX. Los diseñadores de política reconocen ampliamente la capacidad destructiva de las armas nucleares y han podido entender las complejidades intrínsecas de un mundo nuclear. El concepto de destrucción mutua asegurada ha proporcionado, y sigue proporcionando, una base sólida para poder limitar el alcance y la escala de las confrontaciones entre los estados dotados con armamento nuclear.

Sin la disuasión nuclear, el mundo inmediatamente se volvería más peligroso. Si los bienes militares se limitaran a las armas convencionales, las naciones tendrían menos inhibiciones para con el conflicto armado. Esto sería verdad aun entre las mayores potencias. Reduciendo los desincentivos para el conflicto, la reanudación de la carrera armamentista convencional probablemente sería imparable. Entre otras cosas, esto afectaría significativamente los presupuestos nacionales. Hoy en día, por lo menos para los estados con armas nucleares, la existencia de la disuasión nuclear permite las reducciones drásticas de los gastos de defensa durante épocas de austeridad. Del mismo modo, los países que caen bajo la disuasión nuclear que proviene de otra nación, podrían gastar menos en capacidades militares convencionales de lo que gastarían en otra situación; se beneficiarían del dividendo nuclear. En suma, aunque parezca una paradoja, las armas nucleares son una fuerza de estabilidad. Es difícil imaginar cómo llegar a niveles similares de estabilidad por otro modo que no sea el de las armas nucleares.

En segundo lugar, ¿cómo se podría gestionar un mundo sin armas nucleares? Si el mundo fuera esencialmente un gran "cártel pacífico", efectivamente, este cártel sería bastante frágil. La teoría económica indica que los miembros de un cártel suelen exhibir comportamientos anti cártel, mientras las recompensas para hacerlo aumentan y los castigos se reducen. Una lógica similar también aplicaría en referente a las armas nucleares. En un mundo sin armamento nuclear, romper con los compromisos de un cártel al desarrollar la disuasión nuclear parecería presentar enormes beneficios de seguridad. Y en cuanto a las penalidades, nada menos leve que sanciones por un ataque militar, que tenga como propósito destruir el país en cuestión, cambiaría el cálculo del régimen rebelde que tiene la intención de adquirir armas nucleares. En otras palabras, para asegurarse que el mundo permanezca libre de armas nucleares, se requerirá la creación de un régimen universal fiel a ese propósito, respaldado por el uso creíble e inequívoco de la fuerza. El mundo jamás ha visto el surgimiento de dicha institución y probablemente nunca lo verá.

El tercer factor empujando en contra del desarme total es la dificultad de efectuar una transición hacia un mundo libre de lo nuclear. Los Estados han desarrollado elementos de disuasión nuclear por varias razones, pero la más importante, ya sea para las mayores potencias, o para las potencias medias tales como la India, Pakistán e Israel, ha sido la percepción de una amenaza. Hasta que las amenazas que han llevado a las potencias a adquirir armas nucleares sean erradicadas permanentemente, será difícil imaginarlos concordando para llevar a cabo el desarme completo. Por ejemplo, los sistemas de seguridad y políticos de Pakistán jamás llegarán a un acuerdo para el desarme total hasta que Pakistán se sienta seguro frente a la India: su vecino más poderoso y su rival geopolítico. Se podría argumentar de la misma manera en cuanto a Israel. El mundo tendrá que volverse mucho más adepto para resolver de manera pacífica, o por lo menos gestionar los conflictos regionales, ya sea por medio de una infraestructura universal de seguridad o por la multiplicidad de las arquitecturas regionales, para que estas potencias medias, en particular, consideren seguro el desarme total.

Eliminar las armas nucleares, aunque sea un objetivo noble, es una proposición difícil. Sin embargo, no quiere decir que los esfuerzos del desarme deben ser abandonados. Por el contrario, los estados con armas nucleares (Estados Unidos y Rusia en los primeros lugares) deben de inclinarse hacia la reducción de sus arsenales, sino el consenso subyacente de todo el régimen de no proliferación será disputado abiertamente con más frecuencia. Sin embargo, existe un límite en cuanto a lo que el desarme nuclear podría conseguir sin introducir nuevos riesgos de seguridad.

La disuasión nuclear ha servido muy bien al mundo por muchas décadas. Seguiría haciéndolo aun si los arsenales fueran más pequeños. La estabilidad podría permanecer si la cantidad de arsenales se redujera cerca de, pero no hasta llegar a cero. En efecto, ese debería ser el objetivo de la comunidad global nuclear.

Los problemas principales con la disuasión mínima

El desarme nuclear está progresando muy lento. Algunos han sugerido que el paso podría acelerarse si los objetivos del desarme fueran, en lugar de eliminar los arsenales nucleares, reducirlos hasta convertirlos en una fuerza disuasiva mínima. Pero hablando realísticamente, ¿cómo podría esta estrategia afectar a los regímenes existentes de desarme y no proliferación?

Primero, minaría la solemne voluntad política de los cinco estados dotados de armas nucleares a comprometerse con el desarme. Segundo, y cómo resultado, socavaría los compromisos de no proliferación realizados por las partes no nucleares del Tratado de No Proliferación. Para estas naciones, el desarme completo es el meollo del tratado. Si la abolición dejara de ser el objetivo, sería muy difícil para los estados con armas nucleares explicar por qué ellos sí tienen el permiso de poseer armas nucleares, mientras que otros países no lo tienen. Y se esperaría que los estados no nucleares retiraran su apoyo hacia los esfuerzos más importantes de no proliferación.

Aun así, bajo ciertas circunstancias, una estrategia de disuasión mínima podría tener algo de valor. Si el enfoque de la disuasión mínima pudiera obtener profundos recortes nucleares más rápido que el enfoque abolicionista pudiera alcanzar su objetivo, entonces los profundos recortes deberían considerarse como un avance positivo. Incluso, estos recortes representarían tan sólo un paso interino en el proceso para lograr el "cero" y no un sustituto del objetivo original del desarme.

Innovación perturbadora. A lo largo de los años, uno de los principios fundamentales guiando las reducciones nucleares que llevan a cabo Estados Unidos y Rusia (o la Unión Soviética) ha sido la estabilidad estratégica. De acuerdo con la teoría de estabilidad estratégica, los rivales nucleares tienen muy pocos incentivos para lanzar un ataque nuclear en contra del otro, o de ampliar los arsenales nucleares – si el arsenal del otro lado contiene un cierto número de armas que han sobrevivido. Por lo tanto, la disuasión mínima es la estrategia que busca emplear la menor fuerza necesaria para disuadir un ataque nuclear.  

En un país determinado, el tamaño de la disuasión mínima nuclear depende de la capacidad ofensiva y defensiva de sus rivales. Hoy en día, las fuerzas estratégicas nucleares estadounidenses y rusas parecen demasiado grandes para servir el propósito de la disuasión mínima nuclear, mientras que aquellas de Francia, Reino Unido y China se acercan más al estándar. Si Estados Unidos y Rusia redujeran sus fuerzas nucleares a un nivel apropiado para la disuasión mínima y los otros tres estados nucleares se unieran al proceso, esto representaría un progreso verdadero para lograr el desarme global.

Pero esto no muestra toda la historia. Ciertamente, un arreglo multilateral para la disuasión mínima nuclear promovería a primera vista la estabilidad. Bajo este régimen, nadie tendría que preocuparse por el tamaño de las fuerzas nucleares de otros países. Pero, esto es cierto sólo si los factores nucleares se toman en cuenta y si se ignoran los demás factores no nucleares. Es decir, nuevos desarrollos tecnológicos en el reino no nuclear podrían cambiar los cálculos nucleares de los estados armados y complicar la situación radicalmente.

Un escenario para dichos desarrollos podría encontrarse en las capacidades de servicios de inteligencia. La inteligencia mejorada en uno de los estados nucleares siempre tiene el potencial para reducir la capacidad de supervivencia de dichas armas nucleares en otra nación. El estado con la capacidad de supervivencia reducida deberá compensar de alguna manera, teniendo como opción obvia el incremento de su arsenal nuclear. Un segundo escenario para desarrollos tecnológicos perturbadores serían los sistemas de defensa de misiles. Si cualquier estado desarrolla un sistema eficaz de defensa de misiles, sus rivales podrían sentir la necesidad de aumentar sus arsenales nucleares para poder penetrar su sistema de defensa. Un tercer escenario es aquel de ataques convencionales precisos. Algunas armas convencionales de largo alcance podrían llegar a destruir las armas nucleares de un enemigo o interrumpir los lanzamientos nucleares. De nuevo, incrementar el arsenal nuclear podría ser una respuesta. Así que, aún si se pudiera desarrollar un régimen multilateral de la disuasión mínima nuclear, el arreglo no sería estable ni permanente. Las naciones podrían apoyar el régimen bajo ciertas circunstancias, pero al cambiar las condiciones en servicios de inteligencia, defensa de misiles o de capacidades de lanzar ataques convencionales, estas naciones se podrían preocupar.

Nada de esto sería pertinente si se abolieran por completo las armas nucleares. Bajo un escenario abolicionista, la destacada capacidad de servicios de inteligencia sería una fuerza positiva porque podría utilizarse para detectar alguna violación del régimen de desarme. La defensa con misiles podría impedir las violaciones dado que  harían de una pequeña cantidad de armas nucleares ocultas menos eficaz. En general, las innovaciones tecnológicas serían más capaces de apoyar, en vez de oponerse a un mundo con un "cero global".

Defina sus términos. Quizá un problema más fundamental para lograr la disuasión mínima nuclear es que la disuasión mínima es algo difícil de cuantificar. Primero, no existe un consenso al respecto de cuántas ojivas son suficientes para impedir un ataque nuclear durante una represalia. Las estimaciones podrían variar de algunas docenas a algunos centenares. Segundo, no existe un consenso al respecto de cuántas ojivas nucleares adicionales se necesitan para asegurar la capacidad de supervivencia en contra de los ataques nucleares y convencionales del enemigo, ni para penetrar los sistemas de defensa de intercepción de misiles del enemigo (las estimaciones dependerán significativamente de las suposiciones que se hagan acerca de la capacidad de respuesta a las armas nucleares de un rival). En la ausencia de un camino universalmente aceptable para calcular el tamaño apropiado para la disuasión mínima nuclear, los límites deberán establecerse por medio de negociaciones. Dichos límites, inevitablemente tendrían un aspecto arbitrario. .Pero para definir la "abolición completa de armas nucleares", creo que sería suficiente decir que ningún país puede poseer algún artefacto explosivo nuclear.

Similarmente, la verificación sería más fácil en un mundo libre de armas nucleares que en un régimen construido sobre la disuasión mínima. En un mundo libre de armas nucleares, las naciones no necesitarían laboratorios o instalaciones de producción para las armas nucleares. No necesitarían grandes depósitos de material fisible. No necesitarían personal militar nuclear. Cualquier evidencia de que estas instalaciones, depósitos o personal existieran, sería evidencia de una violación. Por lo tanto, la verificación sería muy directa. Adicionalmente, la naturaleza invasiva de los procedimientos de verificación no serían de gran preocupación, ya que si los estados no tuviesen instalaciones o capacidades nucleares, no se preocuparían de que las inspecciones invasivas pudiesen detectar sus diseños de armas nucleares. Intente comparar esto con un régimen de disuasión mínima, donde los laboratorios nucleares y lo demás aún existiría, haciendo más complicadas las verificaciones y sin hacer nada para reducir las preocupaciones por el carácter intrusivo de las verificaciones. 

Estas dificultades con las definiciones y las verificaciones sirven como evidencia que la disuasión mínima no puede ser una solución que funcione a largo plazo para el problema de las armas nucleares. Un régimen de disuasión mínima podría demostrar ser un paso interino que sirva para lograr el desarme. Pero el objetivo final debe seguir siendo la abolición completa de las armas nucleares.

¿Nada de compromisos para los poderosos?

Si cada uno de los cinco estados nucleares reconocidos tan sólo poseyeran 30 ojivas nucleares, ¿sería el mundo un lugar más seguro? Sí, probablemente sí. Pero no sería lo suficientemente seguro. Y, los pequeños arsenales tampoco serían consistentes con un "desarme general y completo", algo para lo cual se comprometieron los estados nucleares bajo el Tratado de No Proliferación (TNP).

La reducción del número de armas no puede, ni debe, ser considerado el objetivo final del desarme, sin importar que tan drásticas sean las reducciones. Concentrarse en las reducciones daría una falsa sensación de seguridad. Distraería la atención del objetivo del desarme completo. En cualquier caso, algunos argumentan que cuando los estados nucleares reducen sus arsenales, sólo lo hacen por necesidad económica. Lo que en verdad quieren, según este argumento, es establecer arsenales de un tamaño óptimo: asequible, pero capaz de conferir poder nacional y prestigio. Por lo tanto, los arsenales más pequeños no cambiarían la naturaleza vital de las dinámicas de poder internacional, según el cual los estados nucleares mantienen la supremacía con base en su posesión de armas nucleares.

Sin equivalentes. En 2005, cuando Kofi Annan era Secretario General de las Naciones Unidas, él dijo que " el progreso en el desarme y la proliferación es esencial, y que ninguno deberá ser rehén del otro". No estoy seguro que el planteamiento de Annan sea correcto, o que los estados no nucleares deban actuar de acuerdo a él. Se da por hecho que el desarme y la no proliferación están vinculados. Los incentivos para la proliferación seguirán existiendo, y los estados no nucleares resistirán a controles más exhaustivos de la no proliferación, a menos que se toman pasos muy serios hacia el desarme. Y los estados nucleares jamás considerarían seriamente eliminar sus armas sin medidas estrictas de no proliferación en vigor. Pero todo esto ensombrece un hecho central: que los estados nucleares son una amenaza a la paz mundial y la seguridad sin importar quién las posea, y la excepcional naturaleza inhumana  de estas armas dotan de una responsabilidad única a los países que las poseen. Por lo tanto, aunque la no proliferación y el desarme están vinculados; no puede existir alguna equivalencia verdadera entre las naciones nucleares y no nucleares.

Un área en donde las naciones nucleares y no nucleares demuestran poca equivalencia es en su adherencia a los compromisos de los tratados. Los estados no nucleares, con muy pocas excepciones, han cumplido su palabra en el trato del TNP, mientras que los estados nucleares han fracasado en cumplir con la suya. O quizá cabe mencionar una perspectiva más cínica: Los estados nucleares, a cambio de los compromisos de no proliferación del tratado, hicieron promesas de desarme que no tenían la menor intención de honrar.

Esta tendencia parece repetirse a través de la existencia del tratado. En la Conferencia de Revisión y Extensión del TNP de 1995, los estados nucleares acordaron a más compromisos sobre el desarme para asegurar la extensión indefinida del tratado. (Estos compromisos incluyeron, entre otras cosas, implementar una resolución sobre el Medio Oriente, la cual respaldaba la creación de una zona sin armas de destrucción masiva en la región). Ahora, como esos compromisos no han sido honrados, algunos estados no nucleares están cuestionando la validez de la extensión.

En el 2000, los estados nucleares hicieron otra serie de compromisos, ampliamente conocidos como los "13 pasos prácticos" hacia el desarme nuclear. Pero en las negociaciones hacia un acuerdo en la conferencia del 2005, Estados Unidos se resistió a incluir cualquier referencia a los compromisos de 1995 y 2000, lo cual es una razón por la cual no se llegó a un acuerdo sustancial.

Se ha vuelto muy evidente, por lo tanto, que los estados nucleares no tomas sus promesas con el desarme en serio, sino que hacen afirmaciones audaces sobre sus grandes pasos hacia el desarme y su total cumplimiento con sus obligaciones. Lo que se necesita, ellos afirman, ¡son restricciones adicionales sobre las naciones no nucleares para asegurar que ellos no se conviertan en proliferadores!

Mientras tanto mantienen sus arsenales de armas, ostentan armas nucleares en sus doctrinas de seguridad, desarrollan nuevas generaciones de armas y dibujan reducciones reversibles como desarme. Estados unidos, junto con China, aún se niega a ratificar el Tratado Comprensivo de Prohibición a las Pruebas Nucleares. Los estados nucleares, en todos los foros, incluyendo al Grupo de Surtidores Nucleares, buscan imponer reglas estrictas en el ciclo de combustible y limitar el acceso de los estados no nucleares a la tecnología nuclear pacífica. Hacen esto mientras brindan cooperación nuclear y tecnológica a tres estados nucleares de facto: la India, Pakistán e Israel. Mantienen el silencio, la mayoría del tiempo, sobre el rechazo y negación de Israel a adherirse al tratado. Sin embargo, ¡el mundo sigue esperando ilusamente que los estados nucleares negocien en buena fe!

Nuevo acercamiento. Entre todo esto, la credibilidad del desarme multilateral se está cuestionado seriamente, y el régimen de no proliferación puede estar descociéndose. ¿Qué pueden esperar los estados no nucleares que suceda en la conferencia de revisión del 2015? ¿Harán más compromisos los estados nucleares y seguirán deshonrándolos? Para evitar este resultado, se deben tomar medidas más drásticas. Sólo las medidas drásticas podrán prevenir que los pocos poderosos abrumen los interéses de muchos.

Un grupo central de estados no nucleares deberá forjar una nueva alianza con naciones de todas las regiones que cuenten con ideas afines. Esta alianza deberá lanzar una campaña para enfatizar la actual situación, la cual es ni sustentable, ni aceptable, y deberá trabajar para ganar la opinión publica y el apoyo de las organizaciones no gubernamentales. La alianza deberá crear un foro anual en donde los estados no nucleares puedan coordinar sus posiciones. Y lo más crucial, la alianza deberá declarar que no aceptará nuevos compromisos para la no proliferación hasta que se cumplan cuatro pasos específicos hacia el desarme.

El primer paso es demarcar las negociaciones para el desarme que se requieren según el artículo VI del TNP. Como parte de esto, los requisitos legales, políticos y técnicos para eliminar las armas nucleares deberán ser identificados. (Por ejemplo, mecanismos específicos de verificación deberán ser establecidos). El segundo paso sería formar un organismo, como parte del proceso de revisión del tratado, que supervisaría la implementación de los 13 pasos prácticos para el desarme nuclear. El tercer paso es que los estados nucleares, dentro de un marco de tiempo establecido, se abstengan de compartir bienes nucleares con estados no nucleares. (Me refiero aquí a la política de disuasión nuclear de la OTAN, con la cual las armas nucleares se ponen en los territorios de los estados no nucleares y se contempla la entrega del armamento al ejército de las naciones de dichos territorios). El cuarto paso es que los estados con armamento detengan toda su cooperación nuclear con los estados nucleares de facto, y ejerzan gran presión sobre ellos para que se adhieran al proceso del tratado como estados no nucleares.

Ciertamente, esta estrategia trae consigo riesgos. Si los estados nucleares deciden que no tiene uso para el régimen que limita sus poderes, el ya de por sí débil régimen del tratado podría colapsar completamente. Esto dejaría un vacío en el sistema internacional que sería difícil de llenar. Aun así, creo que tal estrategia es necesaria. El ambiente de seguridad global se basa en el poder, y los poderosos sienten poca necesidad de jugar con las mismas reglas que los demás. Sólo una estrategia radicalmente diferente podrá cambiar el status quo.

Round 2

El moralismo y sus fracasos

Desde una perspectiva ética, defender las armas nucleares es una proposición difícil. Pero desde un punto de vista práctico, los argumentos morales para el desarme nuclear completo son altamente problemáticos. Los defensores del desarme, tales como mis colegas de la mesa redonda, tienen las mejores intenciones, sin embargo, su actitud moral hacia el desarme demuestra dos graves deficiencias. Primero, no explican cómo se mantendrá la seguridad si las armas nucleares son eliminadas. Segundo, no reconocen que, si se consigue el desarme completo, la proliferación nuclear renovada será sumamente peligrosa.

Los defensores del desarme, que instan al mundo a conseguir el Cero Global, generalmente proponen un acercamiento mecánico para el desarme, el cual depende de la eliminación paulatina de los arsenales nucleares. Pero, ¿dicho acercamiento en realidad podría acercarnos a un nivel cero? Suponerlo, sería iluso. Dicho de forma simple, los estados con armas nucleares preservan sus arsenales porque creen que las armas nucleares contribuyen a su seguridad. Seguirán dependiendo de las armas nucleares hasta que desarrollen mejores estrategias para responder a los retos de seguridad,  y no es claro si existen dichas estrategias. Li Bin reconoció lo último en el comienzo de la segunda ronda cuando señaló que, "si los estados con armas nucleares creen que sus armas son útiles, importantes y (a pesar de los compromisos con el tratado) legítimas, no sentirán la presión de eliminar sus arsenales nucleares". Los argumentos a favor del desarme carecerán de credibilidad mientras que no respondan a la variedad de desafíos de seguridad en el mundo y, —sin caer en un sermón moral— brinden a los diseñadores de políticas buenas razones para renunciar a la disuasión nuclear.

Sin embargo, las armas nucleares no sólo proporcionan seguridad a los estados con armas nucleares, les guste o no, también proporcionan seguridad a los estados sin armas nucleares. Esto es un punto que Wael Al Assad ignoró, cuando en la segunda ronda, planteó la siguiente pregunta retórica:  "Si las armas nucleares previenen las carreras armamentistas, ¿qué no deberían todos los estados preservar sus arsenales nucleares? Para responder a su pregunta, no todos los estados necesitan preservar sus arsenales nucleares, siempre y cuando otros estados los tengan. Esto es el propósito del paraguas nuclear de la OTAN y también de la disuasión ampliada de EE.UU.

El peligro del cero. No se puede revertir la fisión del átomo; no podemos regresar al pasado y no inventar las armas nucleares. Por lo tanto, es una falacia peligrosa creer que los estados canallas podrían ser detenidos para no reintroducir armas nucleares en un mundo donde ya se habrían eliminado. Aquellos a favor del desarme demuestran su segunda deficiencia principal al no reconocer esta realidad. En un mundo "cero", los incentivos de un estado canalla de volverse nuclear serían tan poderosos que ninguna amenaza podría sobrepasarlos, a menos que garantizara la destrucción del estado o la eliminación de su liderazgo.

Desde la perspectiva de la seguridad internacional, vivir en dicho mundo representaría una compensación difícil, por no decir más. Pero cuando los defensores del desarme presentan sus argumentos, no veo ningún análisis de las ganancias o pérdidas. Es como si creyeran que, una vez que desaparezcan las armas nucleares, el mundo repentinamente sería capaz de supervisarse de manera eficaz. Esta suposición es muy peligrosa.

El régimen de no proliferación probablemente se derrumbaría si un estado canalla es el primero en adquirir armas nucleares. Hoy en día, el régimen no es universal, países tales como la India, Pakistán e Israel, que no son partes del Tratado de No Proliferación, han desarrollado su propia disuasión nuclear. Aún así, el régimen sigue siendo eficaz para limitar las ambiciones nucleares de naciones tales como Irán y, por lo general, puede lidiar con la falta de universalidad. En un mundo sin la seguridad que proporcionan las armas nucleares, un sólo episodio de no cumplimiento probablemente redundaría en que muchas naciones buscasen sus propios elementos de disuasión. Esto resultaría en un colapso del régimen y una cascada de proliferación. ¿Suena como un lugar en donde quisieran vivir?

Las armas nucleares no pueden mantener la seguridad

En la primera ronda, Sinan Ulgen sostuvo que las armas nucleares previnieron que Estados Unidos y la Unión Soviética tuvieran un conflicto directo durante la Guerra Fría. Él también argumentó que las armas nucleares podrían disuadir las guerras futuras. Aunque Wael Al Assad se opuso a los elementos de este argumento, tengo mis propias razones, relacionadas, pero distintas, para discrepar con la noción de Ulgen que las armas nucleares son imprescindibles en el mantenimiento de la seguridad.

Primero, la historia de la Guerra Fría no da mucho fundamento para comprobar que las armas nucleares son una fuerza estabilizadora. Aunque es verdad que Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron la "paz fría" durante la Guerra Fría, no es verdad necesariamente que las armas nucleares son la causa de la ausencia del conflicto directo. Tampoco es seguro que los dos países se hubieran enfrentando en una guerra directa si no hubiesen tenido armas nucleares. Por lo tanto, la noción que las armas nucleares son responsables por la paz fría es tan sólo una hipótesis. Según la teoría conocida como la paradoja de la estabilidad-inestabilidad, las armas nucleares podrían aumentar la probabilidad de guerras convencionales. Es decir, si las naciones están seguras de que habrá represalias estratégicas debido a sus arsenales nucleares, podrían tener la tentación de pelear guerras indirectas o tomar parte en una agresión paulatina, que en caso contrario, no harían.

Pero aparte de esto, las armas nucleares redundarían fácilmente en un dilema clásico de seguridad; una situación en donde los esfuerzos de una nación para mejorar su seguridad son percibidos como amenazadores para otra nación, llevando a una tensión intensificada y tal vez a la guerra. Inevitablemente, los países ven de manera diferente sus armas nucleares y las armas de los rivales. Sus propias armas, o las de sus aliados, son herramientas para preservar la seguridad nacional. Las armas de los rivales son amenazas de seguridad. Y aunque los países dotados de armas nucleares muestren sus estrategias nucleares como estrategias de disuasión, esto no ayuda para eliminar el potencial agresivo de armas o para mermar las preocupaciones por ese potencial de otras naciones. En resumidas cuentas, esa es la situación que prevaleció entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría y es la situación que aplica en la península coreana hoy en día (aun cuando Corea del Sur no tiene sus propias armas nucleares).

Pero aunque acepten el argumento de que las armas nucleares han tenido un efecto estabilizador en el pasado, la proliferación nuclear representa un potencial grave de inestabilidad en el futuro. A menos que se prohíban las armas nucleares, más y más países decidirán dotarse de armas nucleares con el transcurso del tiempo. Algunas naciones tendrán dificultades al tomar decisiones acertadas, en cuanto a la estabilidad estratégica; tal vez no podrán distinguir entre los conflictos gestionables convencionales y situaciones desesperadas en las cuales el uso de armas nucleares podría ser considerado. Los conflictos pequeños podrían convertirse rápidamente en ataques nucleares. Además, a medida que más y más jugadores se involucren, la señalización nuclear se volverá mucho más compleja. Malentendidos y cálculos erróneos se volverán más prominentes. La única manera de evitar estos riesgos es eliminando las armas nucleares.

Paso a paso. Hasta ahora, en ambos ensayos, Assad ha cuestionado el compromiso de los estados con armas nucleares para el desarme. Francamente, tiene mucho sentido que estas naciones se muestren renuentes de eliminar completamente sus armas. Si los estados nucleares creen que sus armas son útiles, importantes y (a pesar de los compromisos del tratado) legítimos, no tendrán prisa para eliminar sus arsenales nucleares. Pero el desarme nuclear podría llevarse a cabo de manera más eficiente si aprendiera del desarme de las armas químicas, algo de lo que habló Assad en la segunda ronda.

El Protocolo de Ginebra de 1925 prohibió el uso de las armas químicas (y biológicas). Pero muchos países preservaron su derecho cuando se unieron al Protocolo para llevar a cabo represalias con armas químicas en contra de ataques químicos. Por lo tanto, el desarme químico esencialmente empezó con un compromiso de no usar las armas primero. Luego procedió con la deslegitimación de las armas químicas; luego su desvalorización; y finalmente con el desarme completo, un proceso que casi llega a su fin en la actualidad. Tal vez sea más fructífero imponer limitaciones en el uso de armas nucleares en vez de centrarse en números reales.

Cuatro décadas de negociaciones previas: ya es suficiente

En la primera ronda, mis colegas Li Bin y Sinan Ulgen presentaron perspectivas sumamente distintas sobre el desarme nuclear. Ulgen argumentó que el desarme total es un objetivo impráctico y que la disuasión nuclear ha sido extremamente útil para la seguridad. La disuasión, según Ulgen, ha prevenido guerras de grande escala y frenado las carreras armamentistas y convencionales por décadas. Mientras tanto, Li señaló que reducir las reservas nucleares a un nivel consistente con la disuasión mínima significaría el avance hacia el nivel "cero" nuclear, siempre y cuando dicho acercamiento sea sólo un paso intermedio hacia el desarme completo.

Concuerdo más con la perspectiva de Li que con la de Ulgen, pero aquellos que están a favor de la reducción paulatina como un peldaño creen equivocadamente que los estados dotados de armamento nuclear tienen la intención de llegar al desarme, pero yo no les creo. Ya han transcurrido más de cuatro décadas desde que los estados con armamento nuclear se comprometieron a entablar negociaciones de buena fe para el desarme. Por alguna razón, aún siguen en la fase de negociaciones previas. Cada vez que se les pide que cumplan con el compromiso de desarme, argumentan que los obstáculos de seguridad, técnicos y políticos no se los permiten. Siempre hay algo en el camino: problemas de verificación, una percepción de amenaza o algún actor no estatal. Sin embargo, ¿qué es necesario, aparte de las negociaciones serias, para superar estos obstáculos? Y si el mundo casi puede eliminar las armas químicas, aunque la misma serie de problemas ha complicado el proyecto, ¿por qué no se podría hacer lo mismo con las armas nucleares?

Los estados con armamento nuclear han demostrado una y otra vez que no tienen la voluntad política para entablar negociaciones serias en pro del desarme. Por eso, en la primera ronda, me mostré renuente cuando propuse una serie de pasos drásticos en los cuales los estados no nucleares presionarían a sus contrapartes dotadas de armas nucleares. Sin lugar a dudas, los estados sin armas nucleares deberán apoyar las iniciativas actuales donde se declara ilegal el uso de armas nucleares por razones humanitarias, pero si este acercamiento fracasa, las medidas drásticas serán las únicas capaces de forzar a los estados nucleares a honrar sus compromisos.

En cuanto al argumento de Ulgen que la disuasión nuclear y el énfasis en la estabilidad estratégica han sido útiles, yo consideraría que es una propuesta peligrosa y alarmante. Si la disuasión nuclear brinda seguridad, —después de todo, lo ha hecho en cuanto a las pocas naciones dotadas de armas nucleares— ¿no deberían las otras naciones robustecer su seguridad al obtener sus propios métodos de disuasión nuclear? Y, si las armas nucleares previenen las carreras armamentistas, ¿que no deberían entonces los estados preservar sus arsenales nucleares? ¡Entre más armas nucleares, más seguro el mundo!

Según el razonamiento de Ulgen, la ausencia de guerras recientes de grande escala en las últimas décadas es gracias a las armas nucleares. Sin embargo, ¿por qué no volteamos esta lógica? ¿Por qué no concluir que las armas nucleares no han sido utilizadas desde 1945 porque no han habido guerras de grande escala? ¿Por qué no darle crédito al hecho que la Segunda Guerra Mundial aún perdura en nuestras memorias y que, por ende, se ha podido evitar más conflictos de esa índole?

Además, con el transcurso del tiempo, la humanidad se ha olvidado de su propia terrible historia y suele repetirla. Mientras tanto, la idea que las armas nucleares han contribuido a la seguridad diluye los compromisos en pro del desarme de los países con armas nucleares y hace obsoleto todo el régimen de no proliferación.

Round 3

Adonde converge la moralidad con la realidad

Sinan Ulgen nos criticó a Li Bin y a mi por nuestro acercamiento "moral" hacia el desarme. Él consideró que su perspectiva es mucho más realista que la de nosotros. Sin embargo, cuando Li Bin y yo abogamos por el desarme completo, lo más importante es responder a las amenazas reales y resolver los problemas verdaderos de seguridad en el mundo. El apoyo hacia el desarme resulta ser la correcta actitud moral, pero, ¿dónde se encuentra la contradicción intrínseca entre las actitudes moralistas y las realistas?

Puedo señalar varios momentos en esta mesa redonda cuando la opinión "moralista" mía y de Li ha concordado mejor con los imperativos de la seguridad global que con la opinión supuestamente realista de Ulgen. Primero, Ulgen argumenta que el mundo de hoy en día es más seguro, cuando pocos Estados poseen armas nucleares, de lo que sería si no existieran armas nucleares. Pero, si es verdad, ¿por qué los Estados con armas nucleares se unieron desde un principio al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)? ¿Se unieron de manera ingenua a un tratado que de cierto modo haría del mundo un lugar menos seguro? No es probable. Una explicación más convincente es que para preservar el monopolio nuclear, se comprometieron falsamente (aunque legalmente vinculante) para con el desarme. Sin embargo, un requisito básico para un sistema internacional seguro es que las naciones puedan confiar en que las otras naciones cumplan con sus compromisos (o sabrían que, en caso de no cumplirlos, que habría una mecanismo viable de ejecución que pudiese ser utilizado). La confianza que requiere el sistema internacional se ve socavada, en lo referente a las armas nucleares. El colapso de la confianza amenazaría la seguridad global y, al final, al sistema internacional en sí. Bajo estas circunstancias, ¿sería irrealista o puramente moralista insistir en un desarme general?

Segundo, Ulgen se opone al desarme completo al señalar que las armas nucleares, mediante el paraguas nuclear de la OTAN y la disuasión extendida de EE.UU., proporcionan la seguridad a los países sin armas nucleares. Pero aunque se haga a un lado la ilegalidad de extender un paraguas nuclear a un grupo de miembros no nucleares del tratado, muchas partes del TNP consideran que la disuasión extendida y el paraguas nuclear de la OTAN son serias preocupaciones de seguridad. El problema es que la disuasión extendida ha creado una tercera categoría de partes en el tratado. Además de los Estados con armas nucleares, ahora hay dos tipos de Estados no nucleares, aquellos que gozan de los beneficios de la disuasión nuclear y aquellos que no. A estos países me refería en la segunda ronda cuando escribí que, si las armas nucleares brindan la seguridad a las naciones que las tienen, "¿qué no otras naciones deberían robustecer su seguridad al emplear sus propios elementos de la disuasión nuclear?" Si lo hicieran, las implicaciones de seguridad serían realmente verdaderas.

Tercero, Ulgen puntualizó que "en un mundo ‘cero’, los incentivos de los estados canalla para adquirir armas nucleares serían tan poderosos que ninguna amenaza podría sobrepasarlos, a menos que fuera la destrucción garantizada del Estado o la eliminación de su liderazgo". En efecto, Ulgen cree que el desarme y el régimen de no proliferación colapsarían cuando el primer "Estado canalla" adquiriera armas nucleares. El término "Estado canalla" es una clasificación subjetiva y parcial, sin mencionar que es un recordatorio desagradable de la era de George W. Bush. Pero más allá de esto, un Estado que a menudo se considera como "canalla" ya ha adquirido armas nucleares: Corea del Norte. ¿Se ha derrumbado el régimen de no proliferación como resultado? No. Por lo tanto, no sé que tipo de lecciones pueden aprenderse de esta única instancia de proliferación.

Por otro lado, la posesión de armas nucleares de Israel está mermando, en las mentes de los diseñadores de políticas del Medio Oriente, la credibilidad del desarme y el régimen de no proliferación. Los Estados en el Medio Oriente ven la capacidad nuclear de Israel como una amenaza directa a su seguridad y han empezando a cuestionar el criterio utilizado hace mucho para unirse al tratado. Si los países a lo largo y ancho de la región se salieran del tratado, las implicaciones de seguridad efectivamente serían serias. La única manera de anticipar este resultado a largo plazo es de llegar al desarme general. Una vez más, Li y yo hemos argumentado a favor del "cero" utilizando como base las percepciones reales de amenazas y las preocupaciones de seguridad. Tal vez el desarme sea una cuestión moral, pero eso no es lo único.

¿Nada de armas nucleares? No, nada de usarlas primero

En su último ensayo, Li Bin argumentó que negar la legitimazación de las armas nucleares representa una alternativa prometedora para las iniciativas de desarme que, con su enfoque en los controles numéricos, están destinadas al fracaso. No estoy de acuerdo en que los límites numéricos estén destinados al fracaso, en especial si el objetivo del desarme, como ya señale en la primera ronda, es de acercarse y no es de alcanzar el "cero".

Para respaldar sus puntos de vista sobre los límites numéricos, Li analizó el fallido Tratado Naval de Washington de 1922. Este tratado limitó el número y el tamaño de buques de guerra que las naciones podían mantener en sus flotas, y éste colapsó en los años treinta. Li puntualizó que el tratado colapsó porque "poder controlar la cantidad de buques de guerra no cambió las actitudes hacia los mismos". Discrepo. La verdadera razón por la cual falló este tratado fue que carecía de un mecanismo adecuado de ejecución. Su fracaso dice poco al respecto del régimen de desarme y no proliferación. El Tratado Nuclear de No Proliferación (TNP), el Organismo Internacional de Energía Atómica, y por último, el Consejo de Seguridad de la ONU le proporcionan al régimen las claves institucionales para el cumplimiento, y debido a ello, el régimen ha podido soportar por varias décadas varios desafíos. Con la participación de estas instituciones, limitar el tamaño de los arsenales nucleares en una base multilateral, en efecto, es una propuesta viable (aunque también se requerirá de la transparencia, la cual permita que los estados nucleares supervisen el cumplimiento de las demás partes con los acuerdos).

Sigo creyendo que, debido a la naturaleza de las amenazas mundiales de seguridad y el carácter de las arquitecturas establecidas de seguridad, tanto a nivel global, como regional, la abolición completa de las armas nucleares es un objetivo irrealista. Sin embargo, he aquí lo que sí se puede conseguir: un compromiso universal de parte de los estados nucleares para que no usen las armas primero que otros. En la actualidad, China ha adoptado una política de que no debe usarlas primero. Estados Unidos rechaza el uso primero en contra de los estados no nucleares que son partes del TNP y que cumplen con las obligaciones de no proliferación, aunque Washington impone restricciones en ese compromiso. Rusia no respeta una política de no utilización primero. Este es un panorama difícil y poder imponer la política de no utilización primero sobre todos los estados nucleares sería una tarea desafiante. Aunque al final, se podría alcanzar esa meta. Si cada estado dotado de armamento nuclear adoptara una política incondicional de no utilización primero, se reduciría significativamente el riesgo de una guerra nuclear.

El mundo estuvo a punto de comenzar una guerra nuclear durante la Crisis Cubana de Misiles, pero eso fue hace más de 50 años. Las armas nucleares no han sido utilizadas en ningún conflicto desde 1945. A estas alturas, el récord sugiere que las naciones aprendieron a gestionar estas armas terribles. Adaptaron los conceptos de seguridad a la realidad de la era nuclear, desarrollando primero una doctrina de disuasión nuclear y luego ampliando la última. El sistema existente tal vez no es deseable —aún existe la posibilidad de una guerra nuclear— pero el sistema ha demostrado ser eficiente. En la medida en que esta mesa redonda llega a su fin, sigo sin ser convencido de los argumentos de mis colegas de que la abolición de las armas nucleares llevaría a un mundo más seguro del que existe hoy. En muchos sentidos, la abolición es un objetivo encomiable  El problema es que no hay una manera realista de conseguirlo o de que perdure la seguridad ya que se alcance.

El camino práctico hacia el desarme

En su segundo ensayo, Sinan Ulgen escribió que Wael Al Assad y yo exhibimos un enfoque moralista al desarme nuclear. Que abogamos por un mundo sin armas nucleares, escribe, pero no somos capaces de avanzar en métodos prácticos y específicos para mantener la seguridad y la prevención de la proliferación en un mundo donde las armas nucleares ya no existen. Esencialmente, Ulgen nos culpa a Assad y a mi por adoptar un enfoque normativo hacia las armas nucleares —que describe cómo debería ser el mundo, sobre la base de nuestros valores— en lugar de adoptar un enfoque positivo, el cual describe el mundo cómo es, sobre la base de evidencia empírica.

Me parece justo decir que todos los autores en esta mesa redonda han exhibido argumentos tanto normativos cómo positivos. Efectivamente, todos los autores toman un enfoque normativo hacia la seguridad simplemente por suponer que la seguridad es importante. Pero la palabra "seguridad" significa diferentes cosas para diferentes personas. Para Ulgen, "la seguridad" es a menudo sinónimo de "la seguridad nacional". Para Assad, la seguridad global es el énfasis, junto con la justicia en la manera en que las naciones llevan a cabo sus responsabilidades de desarme y no proliferación. Mi uso de la palabra tiende a evidenciar la idea de que las cuestiones de seguridad deben manejarse de tal manera que se evitan dilemas de seguridad. Personalmente, no creo que mi creencia en el deseo y posibilidad del desarme nuclear total sea normativa. Por el contrario, mis opiniones de desarme fluyen desde mi estrategia hacia la seguridad, que inevitablemente tiene un elemento normativo.

Aunque Ulgen y yo ambos partimos de la creencia normativa que la seguridad internacional debe ser mantenida, él y yo no estamos de acuerdo en tres puntos positivos. El primer punto de desacuerdo es acerca de que si las armas nucleares sirven para mantener la seguridad internacional; mucho de la mesa redonda se ha dedicado a los puntos de vista divergentes acerca de esta cuestión. El segundo punto es si los arsenales nucleares sirven para prevenir la proliferación nuclear. Ulgen dice sí, yo digo no. Como lo escribí en la primera ronda, verificar la obediencia del régimen de no proliferación sería mas efectivo y eficiente, desde un punto de vista técnico y político, si no existieran las armas nucleares. El tercer punto de desacuerdo es acerca de la existencia de un camino práctico hacia el desarme nuclear total. Ulgen supone que los estados nucleares jamás llevarán a cabo el desarme total porque conceden demasiado valor al papel de las armas nucleares para la seguridad. Yo en cambio creo que con el tiempo los estados estarán dispuestos a realizar el desarme. Pero tal cambio requiere que nuevas actitudes surjan para la aceptación y la eficacia de las armas nucleares. Esto en cambio requiere que el movimiento desarmamentista altere el énfasis de sus esfuerzos.

Durante décadas, el enfoque del desarme nuclear ha sido reducciones y limitaciones numéricas a los arsenales nucleares. Pero esto fue exactamente el enfoque subyacente del fallido Tratado Naval de Washington de 1922, que limitó el número y tamaño de los buques de guerra que las naciones desplegaban, pero no hizo nada para cambiar la noción de que los buques de guerra armas eran útiles y legales. Durante las negociaciones del Tratado, las grandes potencias navales calcularon su necesidad cuantitativa de buques de guerra basándose en el tamaño de las flotas rivales; el resultado poco sorprendente fue que, a mediados de la próxima década, se había desarrollado una carrera armamentista naval aún más intensa. El Tratado se derrumbó, porque controlar el número de buques de guerra no cambia las actitudes hacia los buques de guerra. El mismo principio aplica en el desarme nuclear. Un enfoque de controles numéricos sin ningún enfoque sobre las actitudes subyacentes hará que el "cero" sea una meta muy difícil de alcanzar.

Como mencioné en la segunda ronda, la historia del desarme de las armas químicas demuestra un enfoque más prometedor. El protocolo de Ginebra de 1925 prohibió a sus signatarios el uso de armas químicas (o, en algunos casos, de hacer el primer uso). El protocolo ayudó a establecer la idea de que, para cualquier nación que use armas químicas, los costos superarían los beneficios. Así se hizo menos probable que se utilizaran las armas químicas, el valor de estas armas disminuó estrepitosamente y las naciones se volvieron más dispuestas a renunciar a sus armas. Hoy, el desarme químico está en sus etapas finales.

La historia del desarme químico sugiere dos cosas: que las creencias sobre las armas son mutables y que la prohibición del uso de armas es una buena forma de devaluarlas. Para la comunidad de desarme nuclear, la prioridad ahora debe ser ilegalizar el uso de las armas nucleares y trabajar para devaluarlas ante los ojos de los tomadores de decisiones nacionales. Si la noción que sus desventajas superan a los beneficios de las armas nucleares se llega a establecer, la abolición nuclear tiene verdaderas posibilidades de convertirse en realidad.



Topics: Nuclear Weapons

 

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