La realidad es que la humanidad no podrá evitar indefinidamente el uso de armas nucleares

By Mustafa Kibaroglu: ES, February 1, 2017

Un lector del Bulletin de nombre Ryan Alt sostiene en los comentarios de esta mesa redonda que «es muy difícil concebir un tratado de prohibición [de las armas nucleares] como algo más que una vana ilusión». Otro lector, Keith B. Rosenberg, escribe que «nunca debería hacerse un tratado que no tendrá adhesiones», básicamente, que el tratado de prohibición es demasiado idealista como para ser factible.

Yo sostengo lo contrario, que la valoración realista de las armas nucleares y de los peligros que conllevan exigen la negociación de un tratado de prohibición. Lo que es sumamente idealista es creer que la humanidad, de poseer armas nucleares de forma indefinida, logrará evitar indefinidamente una guerra nuclear.

Esto me lleva al concepto de disuasión, que han abordado mis colegas de mesa redonda Joelien Pretorius y Polina Sinovets. En mi opinión, la Guerra Fría puede haber representado una época dorada para la disuasión, pero esa época ya terminó. El mundo de la Guerra Fría se organizó en torno a dos superpotencias, cada una de las cuales poseía decenas de miles de armas nucleares, listas para usarse en cualquier momento. Las armas se podían lanzar mediante plataformas aéreas, terrestres y marítimas. Ambas partes contaban con la capacidad de contraatacar de la otra, lo que servía como disuasión para un primer ataque.

Ahora bien, el mundo se ha vuelto más complicado. Ya no está organizado en bloques estables en torno a dos superpotencias, sino que el poder se ha vuelto más difuso y han proliferado las armas nucleares. En Asia Meridional nuclear, las inestables relaciones entre India y Pakistán son preocupantes. En Corea del Norte la inestabilidad del mismo Kim Jong Un es preocupante.

Los perfiles de los líderes actuales de Estados Unidos y Rusia probablemente no son mejores. El control del arsenal nuclear estadounidense por Donald Trump ha desconcertado a los observadores expertos desde que surgió como un rival serio para la presidencia de Estados Unidos. Vladimir Putin se ha vuelto cada vez más agresivo, prácticamente desafiando a Occidente a ponerse firme.

Los pensadores realistas han caracterizado tradicionalmente a las personas a cargo de las armas nucleares como actores racionales, capaces de llevar a cabo análisis precisos de costos y beneficios y de dar una respuesta sensata a la realidad de que sus posibles rivales posean también armas nucleares. Algunos académicos realistas han sostenido que el mundo lograría una mayor estabilidad estratégica si más Estados tuvieran armas nucleares. Sin embargo, incluso los realistas deberían darse cuenta de que no necesariamente se puede confiar en que la mayoría de los líderes que en la actualidad controlan armas nucleares se comporten de forma racional.

Una característica de las armas nucleares que las distingue de todos los otros tipos de armas es que la destrucción que causan es irreversible. Tras una guerra nuclear, ningún programa de reconstrucción podría paliar un invierno nuclear. Ningún esfuerzo humano podría eliminar las enormes cantidades de radiación contaminante del ambiente. Por consiguiente, ¿es irreal, entonces, estar alarmado por los líderes actuales de los Estados poseedores de armas nucleares más importantes? Incluso los realistas deben admitir que no lo es.

Así que, ¿es realista esperar pasivamente al desarme mientras que la potestad de lanzar misiles con ojivas nucleares está en manos de líderes cuya racionalidad está en cuestión? ¿O es realista trabajar en pos del desarme, lo que incluye al tratado de prohibición, de modo que ningún líder irracional pueda iniciar alguna vez una guerra nuclear?

No olvidemos que una vez que un líder oprima el botón, será muy tarde para decir «¡ay!».

 



Topics: Nuclear Weapons

 

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